Avalokiteshvara. La compasión y el poder de la adaptación al cambio.

Una de las cosas que más me han maravillado de mis viajes, y de mi profesión y estudios en arte, historia del arte y las culturas del mundo es comprender el valor y sentido de los símbolos. De hecho, el mundo de los símbolos es también el mundo del inconsciente, y del poder de la ensoñación. Y es que el inconsciente opera muchas veces a través de símbolos. Ya lo sabia Jung y Freud, que trabajaron ampliamente sobre el tema del inconsciente y los sueños. O Josep Campell que estudió ampliamente la mitología y la religión comparada.

Para mi los cuentos, los símbolos y los mitos creo que son un maravilloso complemento para el Yoga -como muchos otros-, ayudan a que comprendamos cosas muy profundas que, explicadas de otra manera, serían mucho más difícil de entenderlas. Así podemos comprender las diferentes fórmulas de pensamiento en las sociedades. Comprender sus historias. Observar sus mecanismos adaptativos para sobrevivir.

Somos y serguiremos siendo tribu. Necesitamos de la tribu. Porque esta nos protege y nos acompaña.

Nuestras comunidades y ancestros trasladaron múltiples conocimientos y lecciones a través de mitos, leyendas, historias y símbolos. Muchas veces alrededor de un fuego, otras alrededor o debajo de un árbol.

Ahora contemplamos estas historias en los museos, en los libros, en las paredes de una ermita románica. Hay muchas maneras de contemplar “eso que se ve”. La mayoría de las personas, la mayor parte de las veces, contemplan a estas esculturas, pinturas y obras como sencillos objetos. Esto sucede así en parte porque vivimos en el mundo de lo material. Y, por otra parte, porque se han ido perdiendo el valor de las historias, de lo inmaterial. Y también se han ido “perdiendo” aquellos que nos contaban las historias y su significado. Como comunidad, como sociedad y tribu debemos recuperar esto para seguir aprendiendo del pasado. Y es lo que debemos trasladar a nuestros hijos y nietos. Hay que proteger los valores imprescindibles de la cultura. Cultura viene de la palabra “cultivar”. Se trata de “cultivar” todos los aspectos fundamentales que nos construyen como humanidad. Valores humanitarios, valores sociales, valores medioambientales, valores morales-éticos. Todas las virtudes que podamos cultivar y así poder ofrecer lo mejor de nosotras/os al mundo en esta experiencia, en esta vida.

Tallado de madera de Guan Yin de la dinastía Song del norte, c. 1025. Representación másculina del bodhisattva con la corona Amitābha.

Por ello, y tas los tiempos que corren, creo que es muy acertado traeros hoy aquí a la personalización de la Compasión, Avalokiteshvara, a través de su figura.

Una conocida leyenda budista narra como Avalokiteshvara tomo el voto de nunca descansar hasta haber liberado a todos los seres vivos del Samsara. A pesar de su esfuerzo observó que había muchos seres sobre el mundo que aún sufrían, aún quedaban muchos por salvar. Durante su intento de comprender el sufrimiento y las necesidades de todos su cabeza se dividió en 11 partes. Esas 11 partes se convirtieron en 11 cabezas. Avalokiteshvara en su intento de alcanzar a todas las personas observó que sus brazos se destrozaban entonces, con la ayuda de otro buda le dotó de mil brazos para que pudiera ayudar a la humanidad.

Esto describe muy bien la base de la práctica de la compasión. La compasión no implica evadirse del sufrimiento del otro, lo que hace es abrazar y comprender el sufirmiento del otro. Y eso mismo, que harías para comprender, acompañar y abrazar al otro en sus necesidades y sufrimientos es lo mismo que debemos hacer hacia nosotros/as mismos. Este es el gran aprendizaje.

Avalokitesvara es el bodhisattva (la encarnación/símbolo y expresión máxima) de la Compasión. También llamado Kuan Yin, esta encarnación de forma simbólica ha adoptado muchas formas a través de los tiempos, diferentes identidades y representaciones. A veces este bodhisattva aparece con forma femenina, otras veces adopta formas masculinas u andróginas. En Asia ha adoptado múltiples nombres. Normalmente se representa en posición sentada, con una sensación de facilidad y comodidad.

Nos encontramos en unos tiempos en los que estamos en un profundo reto. Es un reto profundo en nosotras/os mismas/os que nos alecciona como sociedad, como humanidad. Y, como debe de ser todo proceso de aprendizaje, no se trata de repetir y reforzar lo ya conocido. El proceso implica incertidumbre. Implica esfuerzo y a veces confusión. Si te encuentras confundida es normal. Si te encuentras con incertidumbre es normal. Pero hay que seguir con coraje, con energía y, sobretodo, con compasión.

Tenemos múltiples momentos y oportunidades en el dia a dia. Cada minuto podemos trabajar este símbolo de Avalokitesvara. El budismo, el mindfulness y la vedanta advaita tienen mucho que aportar en estos momentos. Desde las personas que están trabajando en primera línea frente al Covid19, arriesgando su salud, el personal de los supermercados, los servicios de limpieza, los panaderos…hasta cualquier persona que se ve impactada y experimenta el miedo, el conflicto y la dificultad de estos tiempos. Todas/os podemos poner en práctica la Compasión.

Uno de los aprendizajes que se reciben de esta figura de Avalokitesvara es el recordatorio de que cuando los tiempos son difíciles, duros, cuando el viento y el temporal azota con fiereza y sin compasión, podemos comportarnos como un junco, podemos doblarnos sin rompernos, adaptarnos al movimiento de la tormenta más que luchar contra ella. Y podemos adoptar cualquier identidad que necesitemos conscientemente para poder sobrellevar la situación, sin engancharnos a ella ni a nada en particular. Porque todo está en continua transformación.

Para introducir más prácticas sobre la Compasión o la compasión amorosa, accede a este POST DE NUESTRO BLOG, en los 4 elementos del veradero amor.

Hari om tat sat

Amara

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